El Hombre Elefante.

En este film pasa lo contrario que en el de Sylvia: la historia en la pantalla no se corresponde de manera exacta con el orden de acontecimientos que se sucedieron en la vida que llamamos real y aún así ésta es una gran película que pone el dedo en la llaga. (Lo que me hace sospechar que el problema de Sylvia es, más que todo, de dirección.)
La historia está llena de eventos que no ocurrieron tal como se muestran, ni en el orden en el que se muestran. Contiene además otros tantos que nunca sucedieron.
Lo que se explica por una obligación narrativa, ya que Linch ordena y nos cuenta la historia en función del aspecto particular que él nos quiere resaltar, y acaso quizá también en el hecho de que principalmente basara su guión en la compilación de memorias del Doctor Treves, publicada en 1923 bajo el título de: "El Hombre Elefante y otras reminiscencias.", un texto que contiene varias inexactitudes a favor de Treves por supuesto.
David Linch, uno de mis genios particulares, fue contratado en 1980 por el señor Mel Brooks para que contara en la pantalla esta historia y la elección no pudo ser mejor.
Junto a Linch los nombres de Anthony Hopkins, encarnando al Doctor Treves, y John Hurt, quien se sometiera a doce horas de cuidadoso maquillaje para poner nuevamente en pie al desdichado Joseph Carey Merrick, son garantía más que suficiente para confiar en la calidad del film que mereciera ocho nominaciones al oscar y no ganara ninguna, de manera injusta evidentemente.
Son de destacar varias de las reflexiones y frases que los personajes se sueltan redondas, pesadas y lapidarias, en el espectador atento y que se circunscriben a la relación refleja que desde el principio establece David entre el Señor Bytes, un personaje en el que se reúnen los aspectos sobresalientes de las personalidades de Sam Torr, Tom Norman y Joe Ferrari, manejadores de Joseph en distintos momentos de su carrera como fenómeno de feria, y el Doctor Frederick Treves, las dos caras de una misma moneda.

La relación queda establecida, desde el inicio de la película repito, en la presentación que cada uno de los dos hace de Merrick en sus respectivos contextos: el primero en las Ferias de Fenómenos y el segundo ante la Sociedad Patológica de Londres, veamos:
La fatalidad quiso que la pobre madre de esta criatura fuera atacada, en una desconocida isla africana, por un elefante salvaje cuando ella se encontraba en el cuarto mes de su embarazo.
El resultado salta a la vista…
Señoras y Señores, con ustedes:
¡El Terrible Hombre Elefante!"
Entonces se descorre el telón y mediante frías órdenes, "que serían más acordes con el tratamiento que se le da un perro" escribe Treves en su texto, Merrick es conminado a exhibirse al público: de pie, de lado, de espalda, etc.
Magistralmente Linch hace que el cirujano londinense empiece su presentación justamente como termina la del espectáculo, a saber, descorriendo el telón, aunque astutamente nos deja a nosotros del otro lado. Joseph ha sido llevado al auditorio en un cubículo móvil limitado por cortinas que es preciso descorrer para iniciar la exposición.

Una vez descorridas el doctor empieza por mencionar la nacionalidad (Él es Inglés), la edad (tiene 21 años) y el nombre (y se llama John Merrick) [la primera equivocación de Treves que resulta ser voluntaria y que parece que tiene que ver con la acepción cristiana que se desprende del nombre de Joseph] de su paciente.
Luego continúa con la descripción de los síntomas que padece el individuo y, he aquí un sutil recurso de Linch, de manera que resulta irónica le solicita, en el desarrollo de su discurso y con afectación amable, que adopte exactamente las mismas posiciones que el desventurado suele asumir en su acto de feria.
Para cerrar el círculo del reflejo las palabras finales de esta presentación resultan sonar bastantes similares a las de la anterior:
¡El Hombre Elefante!"
Ambas presentaciones pronuncian al final y a manera de invocación-conjuro el nombre de la bestia. Acto seguido, en esta última, se cierra Telón y el círculo.
Con ello, mientras que en la primera el Hombre Elefante queda en los ojos, en la segunda queda en la cabeza. Un bello cara y cruz de lados igualmente profundos: El horror y la reflexión del horror.
En la película Merrick va oscilando entre ambos lados. Y Linch se inventa, para que escape definitivamente de las ferias, algo así como un hermoso golpe de estado freak en el que el hombre que baila sin piernas, el chico con escamas, la mujer de tres senos, los hermafroditas, la mujer barbuda, los gigantes y los enanos, se unen para revelarse y patrocinar su escape.
Es entonces, estando Joseph de último en la fila para abordar el que se supone es el SS Norwich, barco en el que Merrick retornaría a Inglaterra, cuando uno de los enanos se suelta la frase que más me gusta de todo el film:

"Suerte mi amigo. Suerte ¿Y quién la necesita más que nosotros?"
La travesía de regreso al lado del doctor terminará con la mejor, a mis ojos por supuesto, escena de la película. El incidente en la Estación Calle Liverpool.
La tensión en ella se desarrolla tal cual la que ejerce una boa constrictor sobre su presa:
Joseph se baja del tren y empieza a caminar lentamente tratando de salir de la estación.
Dada su curiosa forma de caminar y su indumentaria, Joseph andaba con un gran sombrero del que caía una tela rodeando su cabeza y apenas con un orificio a la altura del ojo izquierdo, un chico se le acerca y empieza a molestarlo.
Merrick trata, como puede, de apurar su paso. Dos chicos más se acercan, entre los tres le pican y le tiran cosas.
Entonces intenta correr y en su torpe carrera choca con una niña de unos cinco años. La niña cae y empieza a llorar y gritar.
La madre auxilia a su hija y junto con ella pide a gritos que atrapen al desconsiderado. Los tres chicos hacen eco a los gritos.
Una multitud rodea a Joseph y empieza empujarle de un lado para otro, la furia empieza a crecer, la gritería aumenta, uno que otro golpe ya se escapa por allí.
Viene entonces una pausa abrupta, un silencio de asombro, alguien a dejado al descubierto la cabeza de Merrick, todo queda quieto.
Merrick aprovecha y se escabulle por las escaleras pero aquel camino lo aleja de la salida. La multitud de nuevo corre tras él.
Desesperado corre por el andén de la estación y por pasillos que lo conducen a los baños públicos, entra y tras de él entra la multitud y la gritería.
Finalmente llega al último rincón al que puede llegar, ya no hay más a donde ir, una reja cerrada se lo impide, la multitud se va arremolinando en torno suyo y cuando desde el miedo se disponen a lincharlo y molerlo a palos, aparece como un trueno el tremendo grito que ha quedado como uno de los parlamentos más famosos del film:

"¡No soy un animal! ¡No soy un animal!
¡Soy un ser humano!
¡Soy un hombre!"
Y cae exhausto. Sencillamente magistral.
Después de ella finalmente Joseph recibe el abrazo de la sociedad, del cual siempre hay que desconfiar por supuesto, y se convierte así en una especie de Mascota Monstruosa de la clase alta londinense.
En principio lo disfruta pero a medida que estos nuevos días se juntan va tomando consciencia del lugar al que nunca podrá pertenecer, se da cuenta que, aunque tienen la sensibilidad para entenderlos, jamás podrá ser uno de ellos. Como Luzhin se va dejando abrazar por los mimos y se entretiene con los juguetes de esta vida nuestra.
Finalmente, el 11 de abril de 1890, se inscribirá en esta cofradía de hermanos suicidiarios accediendo de manera voluntaria a la muerte y entregándose al tiempo a lo que podría interpretarse como el mayor intento por transgredir sus propios límites.
La última de sus noches Joseph Merrick decidió dormir "como la gente normal" y se recostó totalmente sobre su espalda quebrándose así el cuello y durmiendo entonces de manera muy particular el sueño del ahorcado.
Una verdadera pieza maestra del cine que por alguna razón que se escapa a mi entendimiento David Linch decide terminar con un canto esperanzador haciendo hablar así, por única vez en la película, a la madre de Merrick:

"Nunca. ¡Oh! Nada muere nunca.
Los arroyos corren, el viento sopla.
Las nubes flotan, los corazones laten.
Nada muere."











realmente muy conmovedora esa pelicula, me extraña que no existan mas comentarios... de todas formas, apoyo el reportaje a merrick...
y me ha gustado mxo la pagina...
besos!
Esta pelicula esta entre mis favoritas, conmovedora,muestra lo mejor y lo peor del ser humano..
La discriminacion,la soberbia, la codicia, la ignorancia.. pero también el lado bueno del ser humano, la compasión, la bondad,la solidaridad..
Una de las escenas que mas recuerdo es esa cuando ek queda acorralado entre toda esa gente ignorantes, y les grita que no es un animal, que es un hombre!
¿Los animales sentiran lo mismo cuando se les acorrala, la misma sensacion de agobio, de terror?
Excelente artículo felicito al autor..
Un favor ando desesperada buscando la banda sonora de esta pelicula, ustedes la tienen?
esta pelicula , es genial, realmente emotiva, refleja lo triste del personaje , obra maestra...angustiante
oh.. david lynch.. junto con bergman.. es mi director favorito..
Que yo sepa la verdadera histpria de
Una de Mis PELICULAS , de uno de Mis DIRECTORES , pelicula de obligada vision en colegios y centros de educacion. Que ser mas DESPRECIABLE es el ser HUMANO .
ALA MIERDA LA SOCIEDAD ESTA HISTORIA ME DICE SOLAMENTE QUE LA SOCIEDAD APEZTA Y QUE POR ESO HAY GENTE COMO IO QUE SE LA PASA DE DELINKUENTE Y D EVAGO POR QUE NO SE LA DA LA OPPORTUNIDAD DE SER ALGUIEN EN LA VIDA !
pOofff!