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Suicidiario del suicidio y suicidas.

"La muerte, para acabar conmigo, tendrá que contar con mi complicidad" Fuegos / M. Yourcenar

La defensa.

10, 18 de 2006-01-18 de 2006


Robándole descaradamente la expresión a uno de los personajes de esta historia y citando al sentenciado duelista de Pushkin: Empecemos, si están dispuestos.

Zashchita Luzhina es el nombre en ruso de esta novela, que por demás resulta ser la primera escrita, publicada en 1930, por Don Vladimir Nabokov, al que algunos tendrán más presente por su jovial y ardiente "Lolita", y según el autor el título en ruso se entiende como: La Defensa de Luzhin.

Lo que hace interesante este dato es la precisión de que en tal idioma Luzhin, «si se pronuncia con la fuerza suficiente para que la "i" se acerqué a la "o"», resulta sonar parecido y confundirse con "ilusión".

Así que Nabokov nos da entender, en la breve introducción con que abre su novela, que bien podemos interpretar aquello como un discurso sobre la ilusión de la defensa o, si se prefiere, sobre la inutilidad del acto con el que pretendemos defendernos.


(Nabokov por los días de la Defensa)


La novela relata la vida de Luzhin, un etéreo personaje, casi un fantasma, al que el ajedrez le aparta desde su infancia de lo que podríamos llamar la vida normal y le va convirtiendo en un excéntrico maestro de tal arte, que de no ser por las incomodidades que se presentan a su cuerpo, abandonado al descuido y la gordura, no se percataría ni de sí mismo.

Para Luzhin su vida se resume en los días de la infancia, con sus tormentos y alegrías, los días del ajedrez, que son como uno solo en el que ha permanecido sentado ante el tablero y jugando incansablemente una y otra vez, y los días a los que es abruptamente llamado por una voz femenina, que el considera haber estado esperando oír toda su vida, y que quizá no resulte descarado decir que son los días del amor.

Claro que para darle el matiz adecuado a esto último es necesario que ustedes vean la siguiente escena y escuchen luego la opinión de la madre con respecto a la relación de su hija:

«"Mi pobre Luzhin –decía, frunciendo tiernamente los labios-, mi pobrecito marido" Y Luzhin frotaba la mejilla contra su hombro y ella pensaba vagamente que tal vez había alegrías mayores que las de la compasión, pero que no le interesaban.»

"Yo sólo adivino una cosa. Que ella no lo ama."

Con todo, los últimos son los días del amor, del vacío y del sueño de la vida: "La gente y las cosas que le rodeaban trataban de adornar, del modo más agradable posible, el vacío de la vida de Luzhin. Él se dejaba arrullar, mimar y distraer, y con el alma enroscada como una bola aceptaba la vida acariciadora que le envolvía por todos lados. El futuro se le antojaba vagamente como un largo y silencioso abrazo en una extasiada penumbra, a través de la cual pasarían los diversos juguetes de este mundo nuestro, entrando como un rayo de luz y desapareciendo de nuevo, riendo y oscilando en su camino. Pero en inevitables momentos de soledad durante su compromiso, tarde por la noche o temprano por la mañana, había una sensación de vaciedad extraña, como si el rompecabezas hecho sobre el mantel contuviera espacios vacíos de curiosos contornos."

Aún así aquel hombre aprecia aquellos días, pues bastante caro le ha costado llegar a ellos. Resulta que el gran maestro Luzhin había devenido en adicto al ajedrez, un junkie de peones, torres, caballos, alfiles, reinas y reyes que no podía dejar de pensar en ellos danzando despiadados por el cuadriculado tablero cuyo contraste de celdas blancas y negras resultaba ser el único latido que su corazón podía dar. Según los médicos de seguir así acabaría con su salud y, por supuesto, con su vida.


(Título: La Jugada Autor: Eva Romero)


De allí que este hombre que abandonó la escuela y todo lo demás encantado por los sesenta y cuatro escaques blancos y negros, y que tuvo que pasar años para desintoxicarse medianamente de aperturas y estrategias, decide, al notar el sutil juego con el que la vida lo va cercando y que le repite patrones y acontecimientos de su vida de infante para encausarlo de nuevo en el deleite de su insana obsesión, que tiene que defenderse.

"Había encontrado la solución. El objetivo del ataque era obvio. Mediante una implacable repetición de jugadas, le conducía una vez más a aquella misma pasión que destruiría el sueño de la vida. Devastación, horror, locura."

La cuestión es que su adversario, astuto y sutil, resulta borroso, desconocido y de jugadas inesperadas. Lo que confunde al pobrecito de Luzhin y lo obliga a permanecer en un estado de constante vigilia y atención para no caer, de repente, en medio de jugadas repetidas que sólo conducirían al ajedrez.

Tras tal estado de agitación concluye que su única defensa posible ha de ser una defensa experimental, una defensa al azar:

"La víspera ya pensó una interesante estratagema, una estratagema con la cual tal vez podría frustrar los designios de su misterioso adversario. La estratagema consistía en cometer voluntariamente un acto absurdo e inesperado que estuviese fuera del orden sistemático de la vida, confundiendo así la secuencia de jugadas planeadas por su contrincante."

En la novela vemos dos veces a Luzhin planeando defensas. Acabo de describirles la segunda, la primera se da hacia el final de la primera mitad de la obra y acaso resulte premonitoria de la siguiente que vendrá.

En tal momento el empeño del maestro por encontrar una defensa se debe a su próxima partida con Turati, en la que se definirá al campeón mundial. Años atrás ambos contendientes ya se habían encontrado y el pobrecito de L había perdido el juego ante la famosa y agresiva apertura de Turati. Por eso ahora no lo enfrentaría sin tener una buena defensa.

Sin embargo, al sentarse a jugar y habiendo encontrado ya una innovadora defensa, que tenía que ver con un caballo que se comía un peón en la séptima jugada:

"En ese punto ocurrió algo extraño. Turati, aunque tenía las blancas, no empezó con su famosa apertura y la defensa elaborada por Luzhin resultó completamente inútil."



Luzhin es uno de esos seres ocupados de los que escribe McCullers, un hombre que lleva dentro de sí algo que ama infinitamente pero que al tiempo odia, que lo consume. Un ser que está atrapado en una perpetua lucha entre la pasión vital y mortal por jugar ajedrez y el placido, aunque vacío, deseo de soñar el sueño de la vida.

¿Qué defensa podemos encontrar ante algo que nos ataca incesante desde nuestras propias ganas? ¿Si resultamos ser nosotros mismos nuestro propio enemigo qué nos puede defender? ¿Puede acaso el ser protegerse de si mismo?

El pobrecito de Luzhin es pues un tipo que se queda sin hogar, no se encuentra a gusto ni aquí ni allá, es un ser sin lugar, y ya sabemos que "es difícil, muy difícil ocultar una cosa; las otras cosas son celosas e inhóspitas, se aferran con firmeza a sus nuevos puestos y no conceden un sólo rincón a un objeto sin hogar, que quiere eludir la persuasión."

Es entonces cuando comprende la inutilidad de toda defensa y la solución se le revela obvia y única: la manera de no jugar más es abandonar definitivamente el juego. Y es en este momento del libro que Nabokov, sin saberlo, hacer decir a Luzhin exactamente lo mismo que Linch exactamnete en el mismo momento le hiciera decir a Merrick en el film del Hombre Elefante:

"Eso es todo"


A lo que acto seguido el Gran Luzhin le agrega un soberbio punto final:

"Ha sido bonito"


Juntó letras Bogato Solo | Se exhiben en: Libros Suicidas | Se han leído (1441) veces | (8) Han dicho algo | Referencias (0) |

Lavadero

  1. Tambien dedique un buen tiempo al aprendizaje del ajedrez. Nunca llegue ni llegare a ser bueno, a no ser entre mi circulo de amigos. Algo curioso qiue surge de tales aficiones es esa mania de ver en el tablero el escenario de la propia vida y llegar a simular en ella la practica de nuestra mejor defensa o de nuestro mejor ataque...

  2. muy buena... sin duda a veces lo mejor es decir: eso es todo.. y si podemos añadir ha sido bonito.. pues mucho mejor,.. besos

  3. Borgeano dice:

    Nabokov es un genio; mejor dicho: un Genio. En la defensa esta aquella escena en donde el personaje se encuentra en un jardin y piensa que con un salto de caballo "el alamo podria tomar a aquel naranjo que se encontraba un poco mas atras" (No recuerdo exactamente que arboles eran, pero la escena me gusto mucho y siempre la recuerdo).
    Hay una novela de Stephan Zweig con un personaje similar, pero la verdad es que es bastante mala.

  4. Oscar dice:

    Fue bonito y también lo contrario... eso es todo, ya no hay más.

  5. Sylvia dice:

    Disculpen mi ignorancia, ayer vi la película ESTRATEGIA DE LUZHIN con Emily Watson y quedé maravillada. Se la conté a mi hijo de 9 años y los dos les preguntamos, EXISTIÓ LUZHIN EN LA VIDA REAL O ES UN PERSONAJE FICTICIO DEL GRAN NABOKOV? Porfavor, respóndame, gracias.

  6. marie dice:

    voy a morir...lo aré...adiós...mundo cruel...

  7. kevin dice:

    No manches ubiesen de poner la defensa para estudiarla y ser el mejor como Luzhinnnnnnnn???

  8. Lizeth dice:

    Recomiendo un libro infaltable para esta sección: "Suicidios ejemplares" de Enrique Villa Matas... Y bueno, está el famoso "Club del Suicidio" de Stevenson, y diría que, sin duda, la obra poética de Alejandra Pizarnik...

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