El corazón es un cazador solitario.

El suicidio, en tanto muerte voluntaria, es una opción que resulta estar presente de manera constante en la vida de todos, como la muerte, y como la muerte sencillamente un día nos toca.
Al mirar con atención el conjunto completo de días que fue la vida de algunos, ocasionalmente podemos desvelar cada uno de los pasos en el largo camino que recorrió el fulano para llegar a tomar tal opción. De igual manera, en otras ocasiones la cuestión se da repentina e inesperada como una avalancha.
Para el suicidio pues no hay razones sino condiciones que lo hacen posible y que pueden darse en la vida de cualquiera de nosotros en cualquier momento. Nadie está a salvo, eso es lo que incomoda, de repente un buen día, al doblar la esquina, está allí, tan inexorable como la muerte y entonces fin.
La vida viene siendo el resultado de una combinación de factores cuyo orden si altera el resultado. Es una tensión en equilibrio, si se pierde el uno se pierde la otra, así de físico y mecánico, sin mayor explicación o misterios. Es como cuando se pierde el significado de una palabra si se repite única e insistentemente: vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida, vida…

Doña Carson McCullers reprodujo magistralmente en su primera novela, publicada por allá en 1940 a sus 23 años, ese equilibrio que es la vida, y lo hizo no una sino cinco veces: John Singer, el Dr. Benedict Mady Copeland, Jake Blount, Biff Brannon y la musical Mick Kelly son bellos ejemplos de su logro.
Todo en la novela está en tensión, todo en equilibrio, o lo que es lo mismo: vivo. El fiel de la balanza se mantiene vertical entre el "fluido paso de la humanidad", de un lado, y el "interminable tiempo", del otro. La lucha entre ambos es la tensión que afina la cuerda invisible que se tiende entre los dos extremos.
McCullers realiza una división más en su novela, así que, aunque ha concretado los bandos en lucha en "los que trabajan" y los que tan sólo "aman", todos, sin excepción, se hallan escindidos entre lo exterior y lo interior, lo que permite que un personaje que en el exterior pertenece a un bando, en el interior pueda ser, de manera fluctuante, simpatizante del otro.
Leer la novela de Carson es como estar en el centro de un salón rodeado por relojes de péndulo que, aunque oscilan a su propio ritmo, y por tanto a diferente velocidad, todos juntos cantan la misma hora. Si se quiere, es también como una sinfonía en la que cada instrumento aporta lo suyo en la interpretación de una única melodía. De esta obra de McCullers se puede predicar lo mismo que de la cerveza colombiana Club Colombia: ¡Perfecta!
Esta oscilación de los personajes nos abraza y nos involucra en una historia en la que nunca podemos estar seguros de nada, auque de cuando en vez nos atrevamos a sospechar qué pasará con algunos de ellos siguiendo las pistas que la autora juguetonamente nos suelta: "esa chica va a sorprendernos a todos, lo que no sé es si será una buena o una mala sorpresa."
Para colmo, encima nos topamos con que algunos de los personajes no sólo oscilan sino que además se encuentran desdoblados y comparten escenario con sus alter egos: como Blount y Copeland, el uno blanco y el otro negro pero uno sólo parado en la misma ideología y maravillosamente en desacuerdo, como si nos resultara imposible transmitir el entendimiento, o en palabras de Blount:
"El sueño no era nada. Uno tiene que estar dormido para comprender porque era una pesadilla."
La novela es una historia de gente ocupada, así los llama Carson, o de seres invisibles, así se expresa de ellos Bobby Long en la película de Shainee Gabel que casualmente me descubrió el libro.
A mi ojo es una historia de seres atormentados y en lucha, todos seres en conflicto que llevan "en sí algo que ellos mismos odian; pero también algo que adoran más que dormir, más que el vino y más que la compañía de un amigo. Por eso están siempre ocupados."
Y al final la exclamación de uno parece el grito de todos ellos, y acaso también de algunos de nosotros:
"¡Hostia Bendita! ¡Supremo Poder del Universo! He hecho cosas que no debí hacer y he dejado de hacer las que debía haber hecho. Por eso, éste no puede ser en realidad el fin."
Al final todos ellos comparten un sentimiento parecido:
"Siempre se había sentido impulsado por sus propósitos verdaderos y firmes. Durante cuarenta años su misión fue su vida y su vida fue su misión. Y sin embargo todo quedaba por hacerse y nada había sido completado."
Como escribió uno de mis poetas favoritos "y de repente / con todo por hacer." A la hora del balance, el balance estaba en rojo para todos y todos se preguntan ¿para qué ha servido todo?
Y entonces ¡BANG! Voluntario, certero al corazón y desatendido: "todos habían pensado que aquel ruido era causado por el escape de algún automóvil, y sólo llegaron a enterarse de la verdad al día siguiente."
Sin embargo, Doña Carson logra lo mismo que Doña Jill Sprecher en su película de las trece conversaciones. Aquel no es un disparo que atraviese a los desequilibrados con los que hemos venido compartiendo y el dedo que aprieta el gatillo es el que menos se espera, o mejor, el desequilibrio de aquel aparece certero, definitivo y, por supuesto, inesperado. McCullers logra así que además de sorprendernos nos duela.
Como ya escribí es simplemente que la opción está allí para todos y un buen día, sin importar en mucho los antecedentes, nos desaparecemos si se dan las condiciones. O lo que es lo mismo, resultamos siendo las presas de aquel cazador solitario.

Por cierto el libro fue llevado a la pantalla por Robert Ellis en 1968 pero no he tenido oportunidad de ver la película y confieso que, después del magistral libro, temo un tanto hacerlo.











Me gustó mucho todo lo que has escrito respecto a este libro, voy a buscarlo y leerlo, y la película la he visto anunciada pero no tenía idea de que se trataba. Saludos Bogato, es refrescante para mi espíritu leer tus artículos.Anoche precisamente me acordé de tí cuando estaba vienda la película "Línea Mortal", ya que al principio de la misma hay una frase que impacta bastante, bueno a mí en lo personal :
"HOY ES UN BUEN DÍA PARA MORIR".
Tu fiel lectora.
Bogato: muy buena rezeña/critica sobre el libro. Dan ganas de leerlo!
Como van los 13?
quisiera que alguien me diga el nombre de pastillas que me hagan morir sin convulsiones,primero con un gran sueño,luego lo demas
aunque no piense hacerlo,todavia no,quiero estar al tanto,gracias.
Tiempo sin saber de ti Bogato ,yo por mientras aprovecho de releer tu blog.Has de saber que el marido de carson fue un escritor suicida ,llamado reeves ,creo.
saludos.