La amante celosa del sapo (Paul Kammerer)

Lleva horas caminando, va cansado y sólo quiere llegar a Puchberg, ese pueblo de Austria en el que le tocó vivir. Mientras camina maldice aquel paseo obligado, lo maldice sin mayor razón, sencillamente no le gusta alejarse de casa. Quizá sea la sensación de no estar haciendo nada mientras camina, acaso también la costumbre molesta, precisamente por no estar ocupado, de terminar pensando en su vida al tiempo que teje pasos.
No es que se queje de su vida, por lo menos no más que los demás, es sólo que, como a todos, le gustaría estar mejor, no tiene muy claro qué es estar mejor pero intuye que se conformaría con no tener que hacer ese paseo, él no es de los que aspira a la inmortalidad ni a dejar ningún legado, no es de los hombres que cargan con preguntas fundamentales, él es feliz como está y sospecha que sería un poco más feliz sin tener que salir a caminar.
Nada sino la casualidad hizo que se tropezara con aquel otro en su camino. De seguro ni se habría fijado en él de no ser porque no le contestó el saludo y molesto como iba se acercó a buscar pleito por el silencio que consideró una afrenta a su educado gesto. Tampoco se lo hubiera topado un día antes o un día después, justo aquel era el día de la semana en que le tocaba realizar tal paseo.
El otro estaba allí, sentado junto a una saliente rocosa y elegantemente vestido, pero esto último sólo lo notó cuando se acercó, cuando lo saludó apenas era un alguien sentado y maleducado. Además de la impecable etiqueta notó dos cosas más al acercarse: tenía un revólver en su mano derecha y estaba muerto.
Contrario a lo que pensaba no era un maleducado, aquel desgraciado que él no conocía le había dejado una carta, bueno, para ser exacto había dejado una carta para quien encontrara su cuerpo, y en tanto que la casualidad lo empujó a aquel encuentro pues la carta era para él.
En ella el muerto recién conocido se disculpaba por la molestia y le pedía que por favor alejara aquel cuerpo sin vida de su abandonado hogar, quería evitarle así a la familia tan penosa vista y tan bochornoso espectáculo. Le pedía además, abusando de la confianza y evidentemente haciendo valer su condición superior de muerto, que condujera sus restos a la sala de disección para donarlos al uso científico.
¡Mierda, yo sabía que algo así me iba a terminar pasando, por vainas como ésta es que no me gusta hacer el maldito paseo!
Tomó molesto las otras cuatro cartas: una para la esposa (la baronesa Felicitas von Wiedersperg), una para la amante (Greta Wiesenthal), una para un amigo (el barón von Gutman) y una más para la Academia de Ciencias de Moscú, y procedió a cumplir con la voluntad del finado.
Pudo haberse ido y echar la cosa en el olvido, pero algo le hizo sentir que aquella era tarea suya, algo le hizo sentir que el cuerpo de Paul Kammerer esperaba por él y por nadie más.

Paul Kammerer nació en Viena el 17 de agosto de 1880 y decidió morir el 23 de septiembre de 1926 en las cercanías de Puchberg. La historia le reconoce su habilidad musical, disciplina que estudió en la Academia de Viena pero que no culminó ya que terminó graduándose como biólogo del famoso Instituto de Biología Experimental, aunque le recuerda más por su controvertida "Teoría de la Serialidad" y el lamentablemente oscuro episodio del fraude del Sapo Partero.
Claro que el molesto anónimo de esta historia nada sabía de todo aquello, para él la cuestión no pasaba de ser un desagradable incidente en el que se vio envuelto por la azarosa coincidencia de eventos ajenos a su voluntad. ¿Imaginan ustedes lo que debe ser toparse con el cuerpo abandonado de un suicida en el preciso instante en el que uno va renegando de la vida?
Esa sería, siguiendo las clasificaciones de Kundera quién hasta el momento nos debe la escritura de su Teoría de la Casualidad, una "Casualidad generadora de historias". Y la historia que genera esta casualidad resulta estar a su vez entretejida de otras tantas más.
¿Por que? Sencillo, resulta que en 1919 el suicida protagonista de esta historia publicó un texto, "Das Gesetz der Serie", en el que postulaba la "Teoría de la Serialidad". Teoría que obtuvo como resultado de sus diecinueve años de juiciosa observación, recopilación y clasificación de todas las casualidades que tocaron su vida en aquel periodo.
Don Paul, entre sus veinte y sus cuarenta años, se dedicó, mientras viajaba en el tren, caminaba hacia el trabajo o paseaba por el parque, a observar su entorno y registrarlo en una libreta.
Anotaba características particulares de la gente que veía como la edad, el sexo, la ropa o lo que llevaban en sus manos y reseñaba además aquellos pequeños eventos extraordinarios que pasaban en su vida, y que pasan en la vida de todos nosotros, tales como:
"Nombres de personas que surgían inesperadamente en conversaciones separadas, boletos para el concierto y el guardarropa con el mismo número, una frase de un libro que se repetía en la vida real." Etc.
La siguiente es una muestra de su Diario de Coincidencias:
"28 de julio de 1915, experimenté la siguiente serie progresiva:
(a) mí esposa leía algo acerca de la señora Rohan, personaje de la novela «Michael» de Hermann Beng, en el tranvía vio a un hombre que se parecía a su amigo, el príncipe Josef Rohan, por la noche, nos encontramos con el propio príncipe.
(b) En el tranvía, mi esposa oyó que alguien preguntaba al presunto Rohan si conocía la aldea de Weissenbach, sobre el lago Atterse, y si resultase sitio agradable para unas vacaciones. Cuando mi esposa bajó del tranvía se dirigió a un comercio «delicatessen» del Naschmarkt, donde el dependiente le preguntó si conocía, por casualidad, a la aldea de Weissenhach, sobre el lago Atterse; debía enviar allí una mercadería y no conocía las señas postales del lugar."
Luego del análisis de sus observaciones Kammerer concluyó que las coincidencias no existen aisladas sino como parte de una serie, es decir, como parte de una recurrencia coherente de cosas o acontecimientos iguales o parecidos.
El individuo que experimenta la coincidencia apenas es un observador y no está conectado con tal serie que se ha formado ajena a su voluntad o intervención y sobre la cual tampoco puede incidir.
Dado que las series no responden al deseo del hombre deben entonces obedecer a leyes que lo exceden, las leyes naturales, es decir, las de la física, tampoco resultan incidir sobre estas particulares series. Entonces es probable que tal selección de eventos idénticos, o unidos por alguna particularidad en común, resulten estar regidos por leyes metafísicas. [Claro en aquel entonces ni idea de la Física Cuántica]
Como la principal característica observada es la agrupación de entes afectados por un rasgo en común, debe entonces existir en el universo una pulsión superior y constante hacia la armonía y la unidad a la cual se sometan estas series.
El universo entonces seguramente tiene una ley no descubierta, tan misteriosa como en aquel entonces la ley de la gravedad, mediante la cual las cosas, los elementos, las formas y los hechos tienden a ordenarse por series semejantes y de la cual las coincidencias apenas son la punta que podemos ver del iceberg.
He ahí, borrosa y a grandes rasgos por supuesto, la Teoría de la Serialidad. Según ella el mundo entonces se preocupa por hacer coincidir las cosas iguales. Valga anotar, una vez más, que el individuo no puede incidir sobre la coincidencia, pero su vida si puede resultar significativamente afectada por esta.
Como el tipo madrugador que se levanta tarde justo el día en que debe tomar un avión que por aquel retrazo pierde y que más tarde se cae. Y tantas otras más, y mejores, que se les deben estar ocurriendo a ustedes en este justo instante o que a más de uno le habrán pasado en carne propia.
Sin embargo, aunque se escucharon algunos acalorados aplausos, no fue mucha la atención que se le prestó a la tal teoría, aunque quizá aquello se diera más por el descrédito en el que había caído el autor que por otra cosa. Más tarde Jung y Pauli harían uso de ella para hablar de lo que se dio en llamar "Sincronicidad"
Uno de los pensadores del siglo XX que más atención puso a esto de la Teoría de la Casualidad (ver por ejemplo: La Raíz del Azar), casualmente fue el brillante Arthur Koestler, quien en 1983, coincidencialmente, terminará retirándose de manera voluntaria de la vida al igual que Kammerer.
Koestler también, para seguir con esto de las coincidencias, le dedicó todo un libro, en 1971, The Case of the Midwife Toad, al tan mentado fraude del Sapo Partero. Lamentable y oscuro incidente por el que resulta más recordado Don Paul Kammerer.

Recordarán ustedes que esta expresión tan popular y ahora cargada de doble sentido: "Órgano que no se usa se atrofia", proviene de la vieja teoría de Jean Baptiste-Lamarck a la que se nombró como la "herencia de caracteres adquiridos" y que consideraba que las partes de los seres vivos se modifican dependiendo de su uso o desuso. ¿Lo recuerdan?
Pues bien para 1900 Don Lamarck y su teoría ya habían entrado en desuso y la discusión casi estaba ganada por aquella otra teoría, la de la Evolución, que patrocinaba el señor Darwin. Así las cosas imaginarán porqué resultó verdaderamente perturbador que hacia 1909 Paul Kammerer afirmara haber probado experimentalmente el Lamarckismo.

Y no sólo es que Kammerer reviviera al muerto, si lo notan la cosa también se puso caliente porque nos encontramos en el periodo pre y entre guerras, la idea de la sobrevivencia del más apto y de la superioridad de genes resultaba gustarle mucho a los grupos radicales de la derecha, mientras que la posibilidad de adquirir nuevos caracteres y heredarlos resultaba venirle muy bien a las izquierdas excluidas de los privilegios superiores.
Como sea, la tal afirmación puso a Paul K de moda y en la mirilla de todos. La cuestión de los sapos va así:

"La mayoría de los sapos se aparean en el agua, pero el sapo partero –Alytes obstetricans, llamado así porque el macho carga por semanas los huevos fertilizados– se aparea en tierra firme."
Don Paul decidió criar a dos de estos sapos en un ambiente con una temperatura superior a la del ambiente normal para la especie y así los obligó a refugiarse en una cuba de agua fresca en la que además tendrían que aparearse.
En 1909 le anunciaba al mundo que después de varias experiencias arduas finalmente los sapos habían desarrollado "guantes nupciales", unas pequeñas protuberancias oscuras en las patas que permiten que los machos se agarren mejor de las hembras durante el apareamiento acuático.
Lo más importante es que también reportó que las nuevas generaciones de sapos comenzaron a nacer con tales protuberancias. Con esto se comprobaba entonces que una característica adquirida estaría siendo transmitida directamente a los descendientes.
Las dificultades que entrañaba reproducir estas experiencias fueron suficiente obstáculo para desanimar a otros a intentarlas, pero Kammerer presentó una colección tan completa de ejemplares disecados y abundantes fotografías que, tras su examen, convencieron y permitieron asumir como ciertos sus logros.
Claro que no todos los que examinaron aquellos especimenes quedaron convencidos, [nótese aquí que Kammerer nunca se opuso a que otros examinaran los sapos], William Bateson, un inglés que había dimitido del lamarckismo y que se encontraba empeñado en desenmascarar al biólogo austriaco, consideró que tales especimenes eran un fraude, dictamen que dejo sembrada la semilla de la duda.
Vino entonces la Primera Guerra Mundial y Paul K fue enviado al frente. Sus sapos murieron porque ¡quién carajos se ocupa de un pinche sapo durante una guerra! y las muestras se deterioraron por el continuo trasteo de un sótano a otro.
No obstante, de regreso a la vida civil Krammerer viajó a Oxford a dictar dos conferencias al respecto y a permitir una vez más que el único espécimen que se conservaba fuera examinado.
El sapo pasó el examen de científicos de la talla de MacBride y Haldane. Como dato curioso valga mencionar que tras este nuevo examen el mismo Bateson se disculpó con Paul K
Pero con las conferencias resucitó el debate y junto con la resurrección del debate resucitaron las demás arandelas del caso. Los Comunistas flirteaban con el científico mientras que los otros lo consideraban como un enemigo ideológico.
Casualmente, de nuevo las casualidades, la semilla de la duda había germinado en un científico norteamericano [Nótese aquí que quien resuelve la cuestión es un ciudadano de la principal nación enemiga del Comunismo], Gladwyn Noble, quien se trasladó hasta Viena y en 1926 vino a poner el punto final al caso, aunque quizá lo que puso fueron puntos suspensivos.
Tras examinar, en compañía del asistente del director del Instituto de Biología Experimental, la última pata sana que le quedaba al único ejemplar sobreviviente de guerras, descuidos, trasteos y viajes, G Noble dictaminó que el sapo había sido inyectado con tinta china para fingir las oscuras protuberancias y que además el ejemplar no era un Alytes sino una rana Bombinator, que está naturalmente equipada con los "guantes nupciales".

¿Qué qué? ¿¡! ¡!? Ups ¿Y los demás examinadores no se percataron en años de tan burda estafa? ¿Cómo es posible que ni siquiera notaran la diferencia de especie? ¿Tarados que eran? Puntos suspensivos que quedan abiertos en esta historia, lo cierto es que tras publicar G Noble su denuncia, el 7 de agosto de 1926, en la revista científica "Nature" el experimento de Krammerer fue considerado oficialmente como un fraude.
En la carta que dejó para la Academia de Ciencias de Moscú el biólogo austriaco aceptaba que sus especimenes habían sido intervenidos por alguien pero negaba categóricamente tener que ver con aquella manipulación, decía además saber quién lo había realizado pero también se negaba a mencionarlo.
El episodio resultaba tan oscuro, sobre todo en lo que concierne a la responsabilidad de Krammerer, que el mismo director del Instituto de Biología Experimental, aunque reconocía la existencia de una adulteración, salió en defensa de Paul K.
Varias teorías se tejen al respecto de lo pudo haber pasado, pero antes que nada lean esto por favor:

Stephen Jay Gould, muerto el 20 de mayo del 2002 y considerado por muchos como el biólogo evolutivo más influyente desde Charles Darwin, juzgaba que:
"Kammerer no sólo podía haber sido sincero sino que hasta podría haber logrado los resultados que le valieron la fama. Según Gould, es muy posible que Kammerer lograra que el sapo partero de tierra desarrollara las almohadillas negras en sus patas delanteras. […] Lo que habría hecho Kammerer admite hoy una explicación darwiniana. El sapo terrestre descendía de antepasados acuáticos. Entre éstos, los que nacían con almohadillas terminaron por imponerse por selección natural. Aunque el órgano se había atrofiado por falta de uso en los terrestres, seguía estando presente en su patrimonio genético. Al someter sus sapos a la presión del ambiente, Kammerer había logrado que se manifestaran los caracteres latentes que dormían en sus genes "silenciosos"."
Lo que quiere decir que Paul K obtuvo los resultados que buscaba pero por razones diferentes a las que creía. ¿No les parece esta una cruel coincidencia?
En cuanto a las versiones que pretenden explicar lo sucedido tres resultan ser las más populares:
1. Se especula que quizá un amigo de Paul K preocupado por el lamentable estado en el que caían las muestras decidió, guiado con la mejor de las intenciones, darles así mantenimiento y mantenerlas vigentes.
2. Otra versión habla de celos profesionales y que la inyectada de tinta china era un sabotaje mal intencionado responsabilidad de un colega loco de Kammerer que terminó internado en un psiquiátrico. Esta segunda teoría resulta poco probable debido a la torpeza del fraude.
Koestler, en su libro, explota un poco más esta posibilidad y establece que quizá el saboteador era un Nazi que quería hundir a Kammerer por su vinculación con los comunistas y por las incidencias ideológicas que el éxito de su experimento acarreaba.
3. Esta tercera es la que a mi más me suena aunque la gente seria le ha puesto poca atención. Y me suena porque la reconozco plenamente inmersa en el río de ironías que suele correr del lado de la vida.
Resulta que Don Paul K era esclavo del más desbastador de todos los vicios: el flirteo y el amor prohibido de las amantes. Entre sus affairs se contaban una bailarina clásica, una pintora, una tras otra las cinco hermanas Wiesenthal y la más perturbadora de todas las amantes, la explosiva Alma Schindler, viuda de Gustav Mahler quien en vida tuvo que visitar a Freud por causa de esta mujer, y que tras la muerte de su esposo destacó por su azarosa vida amorosa.
¿Estarán Alma y Paul en la serie de casualidades que reúnen los amores tormentosos?

En 1911, tras la muerte de Mahler, Alma fue asistente por un tiempo del querido Paul, si lo notan ustedes justo por los días del experimento del sapo y de los anuncios al mundo y de su repentina fama y justo también antes de que partiera enlistado al frente de batalla.
¿Y qué podía esperarse del experimento que reúne a dos amantes en la soledad de un laboratorio de biología? El amor nació entre ellos y por supuesto resultó tormentoso. Cuenta la historia que en algún momento de la relación, presa de la fiebre y el arrebato de la pasión, Paul K le aseguró a la bella Alma que se dispararía a si mismo frente a la tumba de Gustav Mahler si ella no consentía en casarse con él.

La tercera teoría contempla pues la posibilidad de que fuera la propia Alma Schindler quien saboteara tanto el experimento del sapo como algunos otros con lagartijas que también habían resultado exitosos para Kammerer, incendiada en su odio por el repentino hielo que dejo caer este en la relación. La cuestión fue que Paul K no insistió mucho en su amenaza de disparo y más bien empezó a fijarse en los ojos de Greta Wiesenthal.
¿No les resulta irónico pensar que la historia del mundo resultó escrita en algún instante por el impulso rabioso y loco del amor?
¿Que mientras los espías de todo el mundo corrían de un lado a otro preocupados por salvaguardar filosofías y políticas el caso resultaba resolverse en las torpes manos impulsadas por los celos?
¿Qué el Lamarckismo resultara muerto y definitivamente enterrado por el mismo experimento que lo había hecho revivir y que quizá no fue la ciencia la que determinó esto, ya leímos que efectivamente es muy probable que el experimento aquel resultara exitoso, sino que seguramente fue el arrebato de la pasión el que puso el punto final?
A mi si. Por otro lado esta tercera teoría explicaría lo burdo de la estafa y además el terco silencio que se obstinó en mantener Kammerer. Como sea, les repito que esta tercera versión es la menos escuchada, no sin justa causa por supuesto, hay en ella muchos cabos sueltos difíciles de explicar, como en las otras dos. Con todo, es la que más me gusta.
G Noble publicó su artículo el 7 de agosto de 1926, el 23 de septiembre Paul K se vestía de etiqueta para soltarse el tiro con el que salió de la vida. Sin embargo, todo parece indicar que el asunto del Sapo y sus tales "Guantes Nupciales" no pesó mucho a la hora de tomar su decisión.
La cosa fue más bien desencadenada, que ya sabemos que un suicidio nunca es motivado por una sola causa, a raíz de la negativa de la señorita Wiesenthal por huir con Paul K a Moscú.

Kammerer venía considerando aceptar la proposición de la Academia de Ciencias que le animaba a trasladarse allí y le ofrecía una cátedra en la que podría exponer en detalle los resultados de su experimento, además de proporcionarle los medios para seguir trabajando en él, recuerden ustedes el flirteo de los comunistas con Kammerer.
El "no" de Greta debió sonar como suena un NO definitivo, como el pitazo final de un partido, como el martillazo del juez que dicta sentencia. A la mierda los sapos y las lagartijas, la música y la serialidad.
Después de aquel frío en los oídos Paul K habrá recordado que tenía una cita pendiente con un balazo, se habrá arreglado entonces para distraer con la belleza a la amante que nos espera y a la que vamos llegando tarde, ya no importaba mucho encontrarla frente a la tumba de Mahler, bien le servían entonces aquellas piedras en las que coincidencialmente luego sería encontrado, en el transcurso de su caminata, por un anónimo caminante que renegaba de la vida y de su camino.











Que gran trabajo de recopilación y exposición. Una vez más Bogato Solo
Felicidades Bogato, empiezas el año con el pie derecho, un excelente trabajo que me encantó. No sabía yo nada de los sapos parteros, gracias por todo de nuevo, ya que aquí aparte de leer sobre suicidios descubrimos siempre nuevas cosas. Un beso y un abrazo de tu fiel lectora.
No siempre que te leo te comento, pero no podía, hoy, dejar de hacerlo.
Supongo que tú ya sabes el nivel de tu texto. Lo interesante y "sesudo" (esos que a tí te gustan, y a mí).
Tu romántica elección sobre la teoría posible...
Ayer volvía en el autobús mientras leía; la protagonista se siente perdida, antaño no, así que dice: "La vida es una niebla", levanté la vista del libro para pensar en la frase y al mirar por la ventanilla estaba rodeada de niebla.
Un abrazo y cariño. Click
Amigo Bogato:
Mis más sinceras felicitaciones por este artículo, hacía tiempo que no leía nada tan bien documentado y tan bien explicado.
Saludos
José
¡Tremenda historia! Me uno a la teoría del desengaño como origen del fraude.
¡saludos!
ya conocía la historia pero nunca con tantos detalles.
podrían especificar la bibliografía consultada?
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