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Suicidiario del suicidio y suicidas.

"La muerte, para acabar conmigo, tendrá que contar con mi complicidad" Fuegos / M. Yourcenar

Escribí poco, ¡Alas! ¡Alas! (Jacques Rigaut)

9, 10 de 2005-11-10 de 2005


"Dios se está volviendo resentido, él le envidia al hombre su mortalidad"

Es una frase de Jacques Rigaut, el escritor surrealista y enemigo a muerte de la vida quién además escribía: "Mi libro de cabecera es un revólver" y quizá alguna vez "al acostarme, en vez de apretar el interruptor de la luz, distraído, me equivoco y aprieto el gatillo."

Esta vida tan molesta, según Rigaut, resulta ser apenas el tiempo de preparación para el sublime acto de autoborrarse sin dejar rastro ni recuerdo, pero llevándose algo grande por delante. El suicidio es entonces un acto rebelde y absolutamente desinteresado de la muerte, el suicida no ama la muerte, rechaza la vida.

En su obra más importante, Agencia Central del Suicidio, podemos leer:

"No hay motivos para vivir, pero tampoco hay motivos para morir, la única manera con que se nos permite demostrar nuestro desdén por la vida, es aceptarla, la vida no merece que nos tomemos el trabajo de abandonarla […] el hombre que se ha librado de las preocupaciones y el aburrimiento, quizá consume en el suicidio el supremo gesto de desinterés, ¡siempre y cuando no tenga curiosidad por la muerte! […] yo no me he suicidado, subsiste un pesar, no quisiera partir antes de haberme comprometido, quisiera, al partir, llevarme Notre-Dame, el amor o la República."

Se comenta de este ilustre hermano suicidiario que tenía la maña de acercarse a la gente, en medio de una reunión o en la calle, para robarles, sin que lo notasen, un botón de sus prendas de vestir. Don Jacques llegó a ser tan diestro en el arte del arrancar botones que mostraba orgulloso las piezas más valiosas de su impresionante colección: los botones dorados de la casaca de algún policía.

Con el mismo desespero que buscaba botones Rigaut buscaba algo en la vida, o acaso los botones fueran el oráculo de los acertijos que Jacques leía en ellos y que pretendía resolver con el apoyo de la heroína, sustancia de la que se volvió adicto y por la cual terminó internado en una clínica de desintoxicación.

Clínica en la qué, el 5 de noviembre de 1929, en un momento de lucidez decidió levantarse de su cama, se vistió completamente y de nuevo regresó a su lecho, en torno suyo acomodó una serie de almohadones que le impedirían perder su posición y acto seguido habrá querido decir algo así como "No hay respuesta" con el fogonazo que se soltó en el corazón.

"Intento responder de mis veinticuatro horas, de mis setenta arrugas, de mis treinta años, de mis presagios, de mis amores y de mis deudas, de mis soledades y de mis contactos, del más y del menos. No hay más solución que plantear el problema y detenerse. Quien dice: "No hay respuesta", se condena. Los que no hayan respondido que abandonen el juego: la partida continúa con los que siguen buscando." (A.C.S)

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Lavadero

  1. Isis dice:

    No conocía este autor y llegué aquí por casualidad. Me parece interesante, tanto como para leerlo, este tipo de personajes tienen vidas y formas de pensar tan radicales que merecen que se profundice un poco en ello. Seguiré pasando por acá. :)

  2. Cristha dice:

    Por aqui reuniendo letras para no reunir botones y pasar de las balas de salva a la salvación voluntaria que le quite el trabajo a Dios. Señor "Bocatto", un abrazo y un saludo de una Cristha que exxxiste e insiste.

  3. Lou dice:

    Cuantos poemas perdidos después de la muerte

  4. ignacio dice:

    aguanten los rollings loco

  5. jordania dice:

    Un tipo realmente interesante... Aunque por mi parte, como dice mi mamá...
    Vale la pena vivir aunque sea solo por ver amanecer.
    Un beso a todos.

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