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Suicidiario del suicidio y suicidas.

"La muerte, para acabar conmigo, tendrá que contar con mi complicidad" Fuegos / M. Yourcenar

El día de mi suerte. (Igor y Lucile Bouryanime)

7, 12 de 2005-10-12 de 2005


"La tragedia no es que la vida no tenga sentido sino que no hay sentido que valga una vida..."

Como me gusta esa frase de Catedral de Humo, es de esas frases que uno dice: ¡Mierda! Cómo fue que no se me ocurrió a mí. Además de diáfana me resulta lapidaria. No obstante, el animal humano se consume su vida en el sueño, en el intento, aunque vano, de elaborar el tal sentido que ¡sí! ha de valer una vida.

Va uno dando tumbos y creyendo ciego que el día de la suerte llegará, como en esa tremenda canción que se compuso don Willie Colón:

"Pronto llegará, / El día de mi suerte / Sé que antes de mi muerte / Seguro que mi suerte cambiará […]

Esperando la vida he de pasar / Este martirio no podré aguantar / Y pregunto hasta cuando durará / Tal vez si lo podré sobrellevar / Si el destino me vuelve a traicionar / Te juro que no puedo fracasar / Estoy cansado de tanto esperar / Y estoy seguro que mi suerte cambiara / Pero ¿cuando será? […] "


Como sea, por alguna razón uno aguanta y espera y tiene fe en el tal día que no se sabe cuando será. El artista, por ejemplo, se consume egoísta en sus obras porque está seguro que una sola valdrá la pena, que una sola, de alguna extraña manera, lo justificará. Y entonces la vida se acumula a los lados y las cuentas se convierten en deudas enormes y los años pasan y nada más sino los años es lo que pasa.

De seguro el ruso Igor Bouryanime despreciaría la canción antes mencionada, para él sólo la gran música valía la pena, valía una vida. Entonces se entregó sin más al sueño de ser compositor y dejó todo lo mejor de sí en las teclas de un viejo piano. Sin embargo, aunque algunas de sus composiciones llegaron a ser interpretadas y de que incluso él mismo había actuado como solista al piano, el maldito éxito no le llegó.

Solo llegó la vejez y con ella la jodida imposibilidad de flexionar sus dedos como antaño. Ya el piano no sonaba igual y los pocos encargos se fueron apagando. 1960 fue el año de sus últimos conciertos y del fin del dinero. Ya no tenía ni para pagar el alquiler del estudio amueblado en el que vivía, ¿sobrevivía?, con su esposa. ¿Qué mas hacer? Los días se le acababan doblado sobre el piano en la ilusión de componer aquella gran obra que sería interpretada en el mundo entero aún después de su muerte.

"Intente componer música de canciones. Hoy en día el éxito sólo se logra con una de esas melodías para disco" Fue lo último que escuchó de uno de los pocos editores musicales que no le cerraron la puerta en la cara. Sin embargo, Igor Bouryanime, terco seguía. Su esposa, que creía en su música, decidió ofrecerse para realizar tareas domésticas en apoyo a la causa. Entretanto Igor decidió dar lecciones de piano a los niños del barrio.

Pero el dinero era poco y la clientela del pianista sin gran obra se fue dispersando: "El señor Bouryanime es muy amable, pero siempre está en las nubes" decían los padres de los chicos asistentes. ¿Y dónde sino en las nubes estaría la cabeza del hombre que sólo se enganchaba a la vida por su apuesta a la tal gran obra? Mientras en el piso se acumulaban las partituras de lo que nunca fue, en la pareja se juntaban los años que ya casi llegaban a los setenta.

Todos los días Igor estrellaba desesperado sus dedos contra las teclas del piano para no encontrar nada. Los días se acababan y la rutina de una comida diaria se hacía cada vez más dura de sobrellevar. Yo imagino que fue en el desarrollo de una de esas únicas comidas cuando Igor y Lucile se miraron a los ojos en mitad del silencio apenas roto por el cuchareo pausado.

El lunes 22 de junio de 1970 la propietaria del estudio se sorprendió de no amanecer escuchando el piano. Movida por la curiosidad decidió acercarse a mirar por la ventana para investigar lo que pasaba, vio entonces el cuerpo de Igor Bouryanime colgando sin vida del extremo de una soga que pendía de la puerta abierta de un gran armario. Ante la visión salió corriendo y avisó a la policía.

Cuando el inspector de la policía accedió al lugar descubrió del otro lado de la puerta, colgaba de la misma soga y sin la misma vida, el cuerpo de Lucile. En el centro de la mesa había una nota que decía:

"Ya no podemos más; no nos queda fuerza, ni salud, ni dinero. No había otra salida. Perdónennos."




Tags: death, malparidez, literatuur

Los datos para elaborar la presente anotación los tomé del libro:

"Dossier Negro del Suicidio"
Autor: Denis Langlois
Traductor: Federico Gorbea.
Publicación: Barcelona : A.T.E., D.L. 1979
Pgs: 75 a 77

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Lavadero

  1. melytta dice:

    Verás. El otro día escuchaba un programa en la radio. Hablaban sobre el sentido del sufrimiento. No es inteligente sufrir. Nos empeñamos en empresas abocadas al fracaso, una mente inteligente no lo haría analizaría el esfuerzo y el resultado y abandonaría lo que no le supone un logro.
    Venga, eso vulgarmente se llama fracaso, yo lo llamo aprender de lo errores.
    Si algo no funciona, no funciona por más años y vueltas que emplees en ello. ¿Qué te equivocaste? ¿Y qué?
    Que sí, que las palmaditas en la espalda, las miradas de aprobación y el orgullo son muy apreciados, pero por encima de eso está la sana humildad de reconocer que algo no valió la pena y no pasa nada.
    Sencillamente nada.
    Agotarse en el intento nadie te lo va a apreciar al menos que a ti mismo te haga feliz.
    Pero mi pequeña experiencia, hasta aquí, me ha dicho que las cosas que agotan que no son fáciles no son naturales. Eso de que lo que más te cuesta es lo más apreciado es un engaño social para mantenernos ocupados en empresas imposibles.
    Nos alejamos de nuestra propia naturaleza, esto de ser humanos es una pequeña estafa. Ningún león animaría a su hijo a ser un águila, le enseñaría a ser león y eso no es ser limitado, ni carecer de sueños.
    Sólo hay una vida, creo, y nos olvidamos que hemos venido para ser felices, no para sufrir.
    Ese es el único objetivo, cuando algo no te haga feliz abandona.

    Bogato, llevo un día entero luchando con el hielo de mi nevera, nunca antes lo había tenido que hacer, creo que no quiero tener que volver a hacerlo, creo que no quiero seguir sola, ya ves...
    Un abrazo desde esta lluviosa Granada.

  2. Preciosa y triste historia.. La vida no necesita un sentido, pues su sentido es ese : vivir lo mejor posible... Y por eso soy feliz.. besos

  3. simple dice:

    La frase de catedral de humo es buenisima, se parece a ese dicho espanol que dice:
    solo se vive una vez;gracias a Dios!!!!.
    O esa otra,Dios aflige a quienes mas quiere.
    Eso demuestra que nos quiere infinitamente.

Escriba pues sumercé


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