Cesare Pavese
5, 25 de 2005-06-25 de 2005

VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.
Cesare Pavese Italia 1908 - 1950
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Siempre he pensado que la muerte tiene ojos de mujer.
Creo que veré los míos... como me miraron aquella vez, cuando pensé que eran ajenos, y solo era el ojepsespejo...
Ahora que lo pienso bien... creo que del otro lado del silencio... solo hay miradas.
Me encantan los sábados de necroesía.
hermoso...
un abrazo DOL
Que trágicamente cercanas estas palabras, pues ciertamente para todos tiene la muerte una mirada.
Mi irónico amigo, sólo los coleccionistas, los científicos o los locos clavan alfileres a las cosas hermosas. Tú dijiste que eras…?
No me hace pensar en la mirada dulce que tiene la muerte, nuestra mirada... sino en la mirada del muerto, esa mirada perdida, fija, inmóvil, fría, espantosa, dolorasa para quien la ve. Una mirada que tengo, que llevo conmigo y que nunca podré ver.
Me ha conmovido, sinceramente. Muchas gracias por hacernos llegar esa necroobra tan profunda.
Hace tiempo tuve un amigo jordano, decía que para sentir tenía que leer en su idioma. Las traducciones no siempre nos dan la fuerza de las palabras. Recuerdo una pesía de Poe hablaba de la caida de las hojas, al traducirla perdía el ritmo y no se sentía ese caer lento de las hojas llevadas por el viento. Nos la leyó una chica francesa, no hacía falta entender el idioma.
Menos mal que existe ese lenguaje universal el de las sonrisas, las lágrimas, las caricias, la boca vertical, horizontal, oblonga... un dedo encima de los labios que te dice a tiempo "calla", no rompas el silencio.
El lenguaje intenso de las miradas.
Desde la mirada...
Ya lo decía aquel estudio que te referí hace algunas semanas que todos los poetas suicidas siempre hablan de la muerte en sus poemas...
kisses!
Vendra de ahi la cancion de Calamaro? es de mis favoritas en el tema "muerte".
También sobre el suicidio de Pavese, escribió un interesante poema Juan Luis Panero. Esta vez pertenece al libro "Los trucos de la muerte" (1975).
A LA MAÑANA SIGUIENTE CESARE PAVESE NO PIDIÓ EL DESAYUNO
Solo bajó del tren,
atravesó solo la ciudad desierta,
solo entró en el hotel vacío,
abrió su solitaria habitación
y escuchó con asombro el silencio.
Dicen que descolgó el teléfono
para llamar a alguien,
pero es falso, completamente falso.
No había nadie a quien llamar,
nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.
Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,
y esperó la llegada del sueño.
Con cierto miedo a su valor
-por vez primera había afirmado su existencia-
tal vez curioso, con cansado gesto,
sintió el peso de sus párpados caer.
Horas después -una extraña sonrisa dibujaba sus labios-
se anunció a sí mismo, tercamente,
la única certidumbre que al fin había adquirido:
jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.
Otro poema dedicado a la muerte de Cesare Pavese. Éste es del escritor mexicano Hugo Gutiérrez Vega:
NOTA ROJA
(A Cesare Pavese)
Salir una mañana de la casa
sin tomar el café, sin decir nada,
sin besar ni a la esposa ni a los hijos.
Salir e irse perdiendo por las calles,
tomar aquel tranvía.
Recorrer el jardín sin ver que el sol
va colgando sus soles diminutos
de la rama del árbol.
Recorrer el jardín
sin ver que un niño nos está contemplando,
sin ver las cabelleras rubias, morenas, pálidas.
Pasar cargando una sonrisa muerta
con la boca cerrada hasta hacer daño.
Entrar en los hoteles,
hallar uno silencioso y lejano,
tenderse entre las sábanas lavadas
y sin decir palabra, sin abrir la ventana
para que el sol no meta su esperanza
apretar el gatillo.
He dicho nada,
ni el sol,
ni la flor que nos dieron las muchachas.
Y con éste son tres:
Luis Rogelio Nogeras
CESARE PAVESE
Suponga que yo estoy escondido de antemano en
el closet
y que usted (tantas cosas que tiene en la cabeza)
no lo nota.
Se acuesta,
toma las dieciséis píldoras del frasco,
hace las últimas llamadas: inútiles,
medita sobre las derrotas, las guerras, Turín (cruda
en invierno).
Suponga que usted deja
las gafas en la mesita de noche
y que luego escribe algo en su cuaderno
(letra rápida, pequeña).
Ahora imagine que yo salgo.
Que impido su suicidio.
Cinco, dos, veinticuatro veces
(como en el cine).
Suponga que usted no muere,
suponga que nos damos las manos
y que cometemos pequeñas historias, aventuras habladas
donde las mujeres aman desesperadamente a los poetas
y no hay estar solos, ni desastres, ni trenes aplastados.
Pero no.
Yo estoy en mi cuarto y usted está en el suyo.
Yo no trato de impedir nada
y usted se toma las pastillas.
Yo dejo su libro en la mesita de noche y trato en
vano de dormirme
y viene la muerte y tiene sus ojos.
la imagen tenue del mundo se aleja, lenta se despide entre las horas eternas, insondables.
la esperada luz, la esperanza noble de otro mundo nos convence de su utopia, y los languidos segundos de la rendicion se acercan, ya la aurora no sera excelsa, nuestro vano nombre sera historia entre la vana historia...solo eramos espectros olvidados en un vacio olvidado