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Suicidiario del suicidio y suicidas.

"La muerte, para acabar conmigo, tendrá que contar con mi complicidad" Fuegos / M. Yourcenar

No me lleven a casa. (Ricardo Rendón)

7, 10 de 2005-05-10 de 2005


Un hombre es muchos hombres, alguna tarde estas palabras de Robinson Quintero, de quien me gusta pensarme amigo, se pararon en mis oídos. Un hombre es lo que ve en lo que nombra, lo que cree de sus padres, lo que teme de sus dioses, lo que olvida de la escuela, lo que abraza en sus amores, lo que disfruta en los amigos, lo que le salva en sus hijos o, lo que revela en la maña de repetir la misma pregunta antes de regalar un cigarrillo. La ilusión de hombre se arma en el colectivo y si uno se aplica en mirar con atención logra reconocer las costuras. Al volver la mirada para observarme en la distancia, descubro en mí pedazos de otros, referencias de aquellos que participaron en la construcción de éste que soy, o acaso, de esto que soy. Hay cosas que no me gustan y cosas, por el contrario, que yo mismo he adoptado, las hay importantes y sin importancia. Es en la tarea de clasificar donde siempre he dudado, por ejemplo, aún no logro decidirme por el lado en que debo dejar la cuestión de los cigarrillos: los escogí en principio tras una elección irreflexiva, motivada sobre todo por la economía y las palabras del maestro Ortiz del Solar: "son baratos y por ser sin filtro te quitas de encima a los que siempre piden un cigarro de regalo" ¿Podría yo imaginar que ese paquete de "pielroja" de ochocientos pesos (menos de cincuenta centavos de dólar) me descubriría a Ricardo Rendón? Ricardo Rendón es un caricaturista colombiano nacido en Rionegro / Antioquia (1894). No es de él, el que fue, de quien escribiré, sino más bien de la imagen que de él tengo, el que es a mis ojos, que del otro bastante han escrito. Rendón fue pionero en Colombia en el campo del diseño y la ilustración publicitaria, uno de los tantos campos en que destacó, y fue él quien diseñó esa cara roja de indio que reina central y única en el blanco paquete de mis cigarros.



Como todos los cofrades queridos es Rendón un caído en soledad, un hombre que contaba con las manos lo que a sus ojos era narrado, un ser de símbolos y, por tanto, de secretos, un animal de cafetín que se escondía en el aprecio pasajero de sus contertulios de turno y de noche. Uno de esos que para andar solo se enreda con la multitud y para expresar su pena se ríe, Rendón era un tipo de risa amarga, dicen sus amigos. Un esquivo, un introvertido, un solitario, un inasible, un angustiado. Uno de esos que siempre se ven absortos y dominados por hondas cavilaciones, como si les preocupara un fin dificilísimo de alcanzar. Un enigmático. Uno de esos a los que siempre sentimos lejanos a pesar de estar a su lado. Yo siempre lo he creído hermanado con esos santos inocentes que anhelan cambiar el mundo y que ven calcinados sus ideales en la hoguera de la realidad, en ese desfase insalvable entre la teoría y la práctica.

De ideas liberales, a pesar de nacer en tierras conservadoras, y con el poder de la sátira que cultivó y desarrolló en su obra, los primeros blancos de Ricardo campeaban en el espacio de lo político. Su arma era la caricatura y "la caricatura es el ridículo y el ridículo es la más terribles de las armas", decía él. Este caballero del lápiz como lanza pertenecía a "un grupo de jóvenes que anhelaban participar en el poder y las decisiones de la república de principios de siglo", que quería hacer las cosas de una mejor manera. En eso se ocupó, para eso trabajó. El no buscaba un mundo un perfecto pero sí uno mejor. Su tarea obstinada en la observación reflexiva de la realidad del país y sus agudos comentarios caricaturizados le valieron el reconocimiento a Rendón, no sólo de los grandes diarios y medios de comunicación sino de la población en general. Sus golosinas fueron: la negligencia administrativa, las triquiñuelas políticas, las peleíllas de los notables, la violencia social, la crítica al clero, la opresión y el servilismo del pueblo, el problema electoral, las palabras y gestos de funcionarios públicos, la respuesta del gobierno a la subversión, el imperialismo: "yo gano aquí mil pesos y pago otros mil por no tener que vivir en Nueva York" fue su respuesta a Samuel H. Piles, embajador de Estados Unidos en Colombia, hablando al respecto de su rechazo a la jugosa oferta de trabajo con que lo tentaba el "New York Times." También rechazó una igual de buena de la publicación de Buenos Aires "Caras y Caretas." Lo que revela a Rendón como un ciego creyente en sus ideas y un enamorado del país, su lucha no terminaba hasta no ver al liberalismo en el puesto que le correspondía, esa fue precisamente su tragedia. El triunfo y ascenso del liberalismo al poder terminó convirtiéndose en el último de sus temas tras la amarga comprobación de que las cosas marchaban igual o peor que antes, de que los vicios se perpetuaban, los clanes vencían y que los personajes tan solo se cambiaban, se trocaban por unos nuevos pero iguales. Fue por aquellos días en que soñó aquel sueño del extraño esqueleto del que ya no pudo escapar y del que, estaba seguro y obseso, llevaba por dentro. "Perder la vida es poca cosa y yo tendré el valor cuando sea preciso. Pero ver disiparse el sentido de esta vida y desaparecer la razón de existir, eso es lo insoportable. No se puede vivir sin razón", son éstas las palabras que Camus pone en boca de Calígula y que quizá escuchó Ricardo quien, teniéndolo todo a la luz de los ojos simples (juventud, dinero y prestigio), el 28 de octubre 1931, entró igual de solo, angustiado y callado que siempre a la Gran Vía, se sentó en un reservado de la trastienda y luego de dibujar sobre la mesa una cabeza atravesada por una bala y de escribir, suplico que no me lleven a casa, en el fondo de la charola en la que le trajeron su acostumbrado café, descargó en su boca el proyectil alojado en el cilindro de la Colt que le permitió partir.

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Lavadero

  1. Sofía dice:

    Leyendo este texto sobre Rendón, he pensado en las causas por las que una se suicida. No sé si habrá estudios cualitativos al respecto, supongo que sí, pero intuitivamente leo que son causas distintas las de las mujeres y los hombres... en ese caso, nos valdría a ambos mirar al otro lado... Nos debes algo sobre mujeres en este blog...

    Sofía

  2. Hola soy tu cenicienta:
    Y he venido como siempre a seguir tu historia.
    ¿Como soy? No lo sé, soy un poco contradictoria. Sí aparentemente soy débil, pq soy muy sensible, pr luego saco una forteleza q no creo tener. Y por eso todos se apoyan en mí..
    Bueno muchos besos de cenicienta

  3. Escribes muy bien, supongo que eso ya tú lo sabes. Pero no pude evitar el decirlo...

  4. Me preguntaste la razón por la cual decidí no quitarme la vida. Eso todavía no lo sé con certeza. Lamentablente la certeza viene a mi mente con aquellas razones por las cuales estuve muy cerca al suicidio.Me identifico muchísmo con tu blog. Es como si tu y yo escribieramos la crítica especializada de una misma película de cine. Pues cada quien vive dentro de su propia película, cada quien actúa segun el guión de nuestra vida.
    Bueno aqui te mando algo que escribí en mi BLOG para responderte un poco a tu pregunta...


    LA MALDITA LINEA AZUL

    Recuerdo la maldita línea azul. Esa eminente y limpia línea azul que marcó nuestras vidas juntamente con el resultado positivo de un embarazo no planificado y mucho menos deseado.

    El tubo de la prueba de embarazo estaba encima de lavatorio en el cuarto de baño. Subí lentamente las escaleras y escuche a mi mujer llorando. El recuerdo de su llanto triste junto a sus manos tapando sus ojos, me los llevare hasta la tumba.
    Mi esposa, lloraba por que sabía que yo era el padre.
    Ella lloraba por que sabía que de que yo no quería otro hijo, Sabia que yo había dejado de amarla, Sabia que hace meses que no vivíamos juntos, Sabia que yo quería el divorcio.

    El desamor descapadita, no pude consolarla ni darle esperanza alguna. Lo único que atine fue darle mis espaldas y el sonido de la puerta al cerrarla.
    Cuando le pedí que abortara ese hijo, ella lloro desconsoladamente. ! Y yo no podía ser débil, tenía que ser un hombre! Y los hombres toman decisiones sin dejarse manipular por las lágrimas de una mujer. Cerré mi corazón y mis oídos. Le pedí que abortara si es que de verdad quería regresar conmigo tendría que demostrarme que me quería y que me respetaba en mis decisiones.

    Cuando ella se fue llorando aquella horrible mañana de invierno, gotas gordas de tristezas se estrellaban contra el parabrisas de su auto. Fue como si el mundo tuviera pena por ese bebe.

    Una noche fria en Amsterdam la llame por telefono, para decirle que me perdonara. Ella me dijo que si yo de verdad se lo pedía ella abortaría ese bebe esa misma noche. No pude decirle que lo haga, no pude articular la sentencia de muerte de un hijo. Le dije que yo no podía pedirle que abortara, que ella tomara la decisión.


    Ella decidió tener al bebe. Yo salí de la casa cuando las curvas de embarazo eran ya evidentes. Me fui una noche sin gracia, una noche de otoño.

    Jonathan nació el día de mi cumpleaños. No estuve presente en el parto. Mi esposa dio a luz junto a sus padres. Ellos me llamaron intensamente y trataron de localizarme para que pudiera asistir al nacimiento de mi hijo. Mi esposa dio a luz a mi hijo el mismo día en que yo nací. Muchos creen que esa fue una señal de Dios, yo también.
    Nadie logró ubicarme, entendieron que estaba de viaje. Me dejaron muchos mensajes llenos de ternura, me había nacido un hijo varón, como siempre quise.
    Nadie supo que yo estaba de vacaciones en la playa, ebrio de alcohol y de sexo con una rubia de veintidós años con quienes estábamos haciendo planes de convivir. Estaba enamorado de otra mujer.

    En la mañana muy temprano, cuando escuche que mi hijo había nacido, Llore. Por un momento pude visualizar mi deshonor. Pude sentir en la clase de ser vil y egoísta en que me he convertido.

    Por eso cuando hoy en la mañana, por primera vez en su vida mi hijo me reconoce y me sonríe en una forma tan pura y tan real, Es que entendí que me quiere. Eso me ilumino la vida. Tengo miedo que algún día se entere que quise que muriera en los pasillos infames del aborto. Me preocupa pensar que tiene un padre débil, que escribe un diario suicida, que no tiene ni el valor de morir.
    Mas los pesos de la conciencia son adormecidos con las caricias en alma que la sonrisa de Jonathan me puede dar.

  5. Sofía dice:

    - ¿Me regalas un cigarro?
    - Sólo si me dices quién dibujó la cara del indio Pielrroja que aparece en la cajetilla...

    Esa es una de las cosas que marca la diferencia, sin importar de qué lado esté.

    Sofía

  6. Unomás dice:

    ¿Ya?
    ¿Que más da?
    Algún día había de ser.
    Era el final. Lo sabía. Estaba demasiado vieja. La tierra tiraba de ella desde hacía tiempo.
    Había sido un día de tarea, pero antes de cenar dejó preparado todo para celebrar el cumpleaños del hijo. Tortillitas, empanadas, dulces de cidra, como todos los años. Vendrían todos. Los hijos, los nietos. ¿Y ella? Lo único malo era estropearles la fiesta. ¿Y la comida? ¡Bueno! Sería el banquete de funerales.
    Se levantó a orinar, mareada. Anduvo hacia el retrete apoyándose en las paredes. Ni encendió la luz.
    -¡Hijo!
    Cuando llegó hasta ella la encontró tirada por el suelo. Intentó levantarla. Inutilmente, pesaba demasiado.
    -Derrame cerebral-
    Dijo la médico.
    Fueron dos días tristes para todos. Por fín, tras el entierro, se reunieron en la sala. Alguien había colocado sobre la mesa las tortitas, las empanadas, los dulces de cidra.
    Comieron con despacio, saboreando el sacramento.
    -Fue mejor para ella-
    Dijo alguien. Los demás asintieron con la boca llena de aquel sabor a madre, a abuela.

  7. DESPUES DE TODO LO MAS IMPORTANTE NO ES QUE NO TE TRALADEN A CASA,MAS BIEN ES QUE NADIE(SOBRE TODO LAS POCAS PERSONAS QUE TE QUIEREN )SEPAN JAMAS LO OCURRIDO.

  8. Quizás ya estamos muertos.De alguna manera somos suicidas: del olvido, del olvido vivido, del olvido olvidado, de la vida cotidiana olvidada y de la vida que vivimos. Nunca olvidemos que los suicidas son los que más quieren vivir; talvez, por ello, no quieren que los olvidemos. Ese es nuestro dolor y esa es la alegria de ellos.

    Ricardo Rendón Puerta

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